miércoles, 9 de mayo de 2018

La niña corría por los prados de Belmonte. En la lejanía, una sombra la acecha.

Las flores son deslíz del viento a su paso. La orquídea se retuerce cuneiforme, y la lombriz acecha al ocaso.

Un sol de media luna se abre paso, y una nariz sonriente te abre el paso.

La bailarina concernida se encierra entre los laureles.

A paso, acaso. Amén.

Matusalen, 300. Del libro "A testarudo, bien concienzudo"

No hay comentarios:

Publicar un comentario